Pertenecemos a la Parroquia Santo Cura de Ars, atendida pastoralmente por la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos).

Nos ubicas en Pirámide 565, paradero 11 ½ de Santa Rosa. Comuna de San Miguel, Santiago de Chile.
Nuestras actividades se despliegan durante la semana; nuestra celebración dominical es a las 10:15. Bienvenid@s.





ATENCIÓN

A contar del 1 de Enero de 2013 las Meditaciones diarias del evangelio se encuentran en: http://pazamoryalegria.blogspot.com/

lunes, 31 de diciembre de 2012

Un buen propósito para vivir el nuevo año y el resto de nuestra vida


31 de diciembre de 2012
Día 7° de la octava de Navidad

Lecturas:
I Juan 2, 18-21 / Salmo 95, 1-2. 11-14 ¡Alégrese el cielo y exulte la tierra!

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan    1, 1-18
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de Él, al declarar: «Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo.»
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Ahora que «ha llegado la última hora» (1L) de este año civil, miramos qué había en el Principio: «la Palabra [que] era Dios… Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra […] La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre […] a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios» (2). Y escuchamos al salmista cantar: «Alégrese el cielo y exulte la tierra, resuene el mar y todo lo que hay en él; regocíjese el campo con todos sus frutos, griten de gozo los árboles del bosque. Griten de gozo delante del Señor, porque Él viene a gobernar la tierra: Él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad» (Sal).
Es buen momento también para rememorar cómo comenzamos este año, mirando cuánto y de qué manera el Señor nos acompañó durante él, estar agradecidos y gritar de gozo por lo bueno que hizo.
Y, como muestra de nuestro agradecimiento, buscar ser nosotros motivo de alegría para otros, ayudando a que en el mundo haya justicia y que gobierne la verdad del Señor.
Este podría ser un buen propósito para vivir el nuevo año y el resto de nuestra vida.

Por nuestras faltas de amor durante este año, perdón, Señor. Por aquellos que sufren la injusticia y la mentira, te rogamos, Señor. Por todos los regalos que nos hiciste durante este año que termina, gracias, Señor.

Disfrutando del regalo de pertenecer a la familia del Dios de la Paz, el Amor y la Alegría,
Miguel.

sábado, 29 de diciembre de 2012

La acción es superior a la palabra


29 de diciembre de 2012
Día 5º de la octava de Navidad

Lecturas:
I Juan 2, 3-11 / Salmo 95, 1-3. 5b-6 ¡Alégrese el cielo y exulte la tierra!

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas    2, 22-35
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.»
Palabra del Señor.

MEDITACION
Siempre este texto me hace pensar en las actitudes, los gestos, la devoción que trasuntaba esa familia, tanto que, entre las muchas otras que habría ese día en el Templo y sin decir palabra alguna, atrajeron la mirada profética de Simeón, de tal manera  que en ese niño éste dice haber «visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel».
Una vez más, la acción es superior a la palabra; ser es más importante que parecer…
Jesús, que es esa luz (cf Jn 8,12) y que espera de nosotros que seamos, a nuestra vez luz del mundo (Mt 5,14), quiere que iluminemos con nuestro actuar: «el que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido» (1L), ya que sólo «en su presencia hay esplendor y majestad» (Sal) y lejos de esa presencia, o del amor en otras palabras, sólo se encuentra la oscuridad del egoísmo, las ambiciones, el desprecio del otro…

Que nuestras acciones, que nuestro amor, ilumine a los demás, como reflejo de la luz del amor que has puesto en nosotros, Señor. Así sea.

Expectantes ante la llegada del Dios de la Paz, el Amor y la Alegría,
Miguel.

viernes, 28 de diciembre de 2012

¿Dónde está Dios en las situaciones de dolor?


28 de diciembre de 2012
Los Santos Inocentes mártires

Lecturas:
I Juan 1, 5—2, 2 / Salmo 123, 2-8 Nuestra vida se salvó como un pájaro de la trampa del cazador

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo    2, 13-18
Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado. Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías: En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen.
Palabra del Señor.

MEDITACION
En la historia hay muchos nombres manchados de sangre; personas a las que el poder ciega y son capaces de cometer atrocidades para mantener sus privilegios e imponer lo que creen o quieren creer es lo mejor para los demás. Por eso, lamentablemente, siempre ha habido y hay alguna «Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen».
Y ¿dónde está Dios en todas estas situaciones de dolor?.
Volviendo al misterio de Navidad que hemos estado meditando, y recordando palabras suyas como: «No harás daño a la viuda ni al huérfano. Si les haces daño y ellos me piden auxilio, yo escucharé su clamor» (Ex 22,21-22), respondemos que Dios está en los que sufren; para eso se encarnó en nuestra historia, para vivir radicalmente la experiencia humana y, gracias a eso, para que podamos sentirnos bien acompañados en los sufrimientos inevitables de la vida, porque «los poderosos les hacen sentir su autoridad» (Mt 20,25).
Como «Dios es luz, y en él no hay tinieblas» (1L), hoy y cada día optamos (activa y pasivamente) por estar del lado de esa luz, que es la justicia, la libertad y la fraternidad con los sufrientes, haciéndonos instrumentos de la intervención de Dios a favor de éstos, de manera que puedan decir: «Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando los hombres se alzaron contra nosotros, nos habrían devorado vivos. Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Sal); o, por el contrario, estamos junto a las tinieblas (cf Jn 1,5), que caracterizan al poder abusador, corruptor y aplastador de los tiranos del mundo o, en otras palabras, contra Dios.

Líbranos, Señor, de hacer el mal a nadie, o de hacernos cómplices de éste, por acción u omisión; y danos, más bien, el valor para luchar contra los injustos y las injusticias, en tu Nombre, Dios Justo y Compasivo. Amén.

Expectantes ante la llegada del Dios de la Paz, el Amor y la Alegría,
Miguel.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Una familia como todas y una familia modelo


PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
30 de diciembre de 2012
La Sagrada familia de Jesús, María y José

Lecturas:
I Samuel 1, 20-22. 24-28 / Salmo 83, 2-3. 5-6. 9-10 ¡Señor, felices los que habitan en tu Casa! / I Juan 3, 1-2. 21-24

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     2, 41-52
Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acababa la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que los oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
Al ver, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?». Ellos no entendieron lo que les decía.
Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Juan proclama con asombrada alegría: «¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente.» (1L). Alegría que se manifiesta en que son «¡Felices los que habitan en tu Casa y te alaban sin cesar!» (Sal), como lo son María y José, quienes, pese a que como fieles israelitas sienten que Jesús «para toda su vida queda cedido al Señor»(1L), no logran entender cuando éste, respondiendo a su vocación, explica por qué se había quedado en el Templo, diciendo: «¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?». Sin embargo, con la alegría de ser familia, demuestran su amor en el respeto por sus opciones y meditando qué relación tienen éstas con la pertenencia a la familia de Dios.
Cuando aún celebramos el periodo de Navidad, se nos invita a la Fiesta de la Sagrada Familia para meditar en el misterio del Hijo de Dios que no aterriza en la tierra en una nave espacial, o aparece ya adulto entre nosotros, sino que escoge nacer en una familia,  la familia de María y de José. Una familia como muchas, con grandes problemas: dudas sobre la paternidad, con las dificultades de la pobreza, nacimiento en un establo, persecución y destierro a Egipto, vuelta a Nazaret y búsqueda de un nuevo trabajo…una familia que, como la nuestra, también vivió sus sobresaltos y sorpresas.
Es que Dios se sirve de nosotros para concretar la historia de salvación. Dios se sirvió de María y de José, de una familia de tantas, para criar y educar a su hijo Jesús. Y también se sirve de ti y de mí para criar y educar a sus otros hijos, tus hijos, los hijos del Padre de Todos: el Padre Nuestro.
Hoy nos muestra en la Sagrada Familia un ideal de felicidad, que –como todos los ideales- no es fácilmente alcanzable, pero mientras más nos acercamos a él, mejor nos sentimos.
Veamos el “modelo” que nos propone el texto de hoy: «Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua». Imaginemos a Jesús feliz, mirando y admirándolo todo en la casa de Dios. Y fue allí que se quedó sin permiso de sus padres.
Se nos relata después el primer diálogo entre él y sus padres que recoge el Evangelio:
Su madre le plantea: «¿Por qué nos has hecho esto?... te buscábamos angustiados» y él, sorprendentemente responde: «¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?». María y José no comprendieron lo que acababa de decirles. Sin embargo, respetan en su hijo la vocación que descubren en él. Y esto es algo muy valioso para cada una de nuestras familias: la educación de los hijos debe partir el respeto o no llevará a la compresión y el amor.
Por su lado, Jesús, en adelante, acató su papel en aquella familia y «regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos», obedeciendo el mandamiento de  “honrar al padre y a la madre”, de tal forma que provocaba la admiración de la gente y el cariño de Dios.
Una puntualización muy importante: dijimos que la familia de Nazareth era un ideal. Pero esto no es así porque está conformada por padre, madre e hijo, ya que sabemos bien que existen distintos tipos de familias. El verdadero ejemplo que nos propone este evangelio no tiene que ver con las formas (quienes la componen), sino con lo más profundo: en las familias, como la de María, José y Jesús, debe reinar el respeto y el amor.
¿Qué pistas nos da este texto para hacer nuestro proyecto de vida familiar en el nuevo año que está a punto de comenzar?

Que seamos en nuestras familias como esperas de nosotros, Señor. Y que actuemos según tus inspiraciones en las relaciones dentro de la familia humana. Así sea.

Disfrutando del regalo de pertenecer a la familia del Dios de la Paz, el Amor y la Alegría,
Miguel.

El primero que vio y creyó… y después lo proclamó



27 de diciembre de 2012
San Juan apóstol y evangelista

Lecturas:
I Juan 1, 1-4 / Salmo 96, 1-2. 5-6. 11-12 Alégrense, justos, en el Señor.

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan    20, 2-8
El primer día de la semana, María Magdalena corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.
Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Ayer acompañábamos en el recuerdo a un mártir, el primero; hoy, celebramos al primero que, después de la Resurrección «vio y creyó».
Pero que, gracias a Dios, no se quedó ahí, sino que posteriormente afirma: «Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1L). De esa manera, con el bello trabajo del evangelista junto al testimonio de muchos más, nosotros también tenemos la posibilidad de creer que «¡El Señor reina! Nubes y Tinieblas lo rodean, la Justicia y el Derecho son la base de su trono. Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. Nace la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón» (Sal).

Gracias, Señor, por la labor de muchos “Juan” que han iluminado nuestra fe, para que vivamos en comunión contigo; gracias, por tu permanente comunicarte por distintos medios y, sobre todo, a través de muchas y distintas personas; gracias por tu inmensamente maravillosa obra en nuestra humanidad. Gracias, Señor.

Expectantes ante la llegada del Dios de la Paz, el Amor y la Alegría,
Miguel.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

No olvidar que ser cristiano es también ser testigo



26 de diciembre de 2012
San Esteban primer mártir

Lecturas:
Hechos 6, 8-10; 7, 54-60 / Salmo 30, 3-4. 6-8. 16-17 Señor, yo pongo mi vida en tus manos.

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo    10, 17-22
Jesús dijo a sus apóstoles:
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Dejando atrás recién el ambiente de regalos, villancicos, buenos deseos y otras manifestaciones que producen el buen efecto de alegrar el alma, es necesario prevenir contra otro que sería indeseable: creer que para ser cristianos hay que vivir en una especie de Navidad permanente. Y, por cierto, no es así.
Si algo debemos concluir del hecho de que «la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jun 1,14) es que no fue algún tipo de viaje turístico del Señor, sino una forma de identificarse plenamente con nuestra humanidad, un hacerse «Emanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”» (Mt 1,23), o uno de nosotros, o uno como nosotros…
Es un poderoso misterio que Dios Todopoderoso, voluntariamente, accediese a adquirir un “talón de Aquiles”, al hacerse mortal. Es que, como también recordábamos ayer, Dios se había dirigido a nosotros «por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras» y, como eso no le bastó a nuestro corazón endurecido para convertirse, «en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo» (Hb 1,1-2). Nos habló, se entiende en todo lo relacionado con Él, no sólo con palabras, sino con su ejemplo.
Su palabra dijo «Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre». Y eso vivió Esteban (1L), pero antes, como sabemos bien, lo vivió Él mismo. Y así, el Señor, Esteban y todo otro mártir (=testigo) suyo después puede decir: «Yo pongo mi vida en tus manos: tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. Confío en el Señor. ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!» (Sal).

Danos fidelidad, Señor, para aceptar valiente y alegremente con el corazón en paz, las consecuencias menos gratificantes de hacernos testigos de tu Palabra. Así sea.

Expectantes ante la llegada del Dios de la Paz, el Amor y la Alegría,
Miguel.