Pertenecemos a la Parroquia Santo Cura de Ars, atendida pastoralmente por la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos).

Nos ubicas en Pirámide 565, paradero 11 ½ de Santa Rosa. Comuna de San Miguel, Santiago de Chile.
Nuestras actividades se despliegan durante la semana; nuestra celebración dominical es a las 10:15. Bienvenid@s.





ATENCIÓN

A contar del 1 de Enero de 2013 las Meditaciones diarias del evangelio se encuentran en: http://pazamoryalegria.blogspot.com/

jueves, 28 de octubre de 2010

Preparemos el próximo Día del Señor

31er Domingo Durante el Año
31 de octubre de 2010
Ciclo C
Aclamación al Evangelio
Aleluya.  Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único; todo el que cree en Él tiene Vida eterna. Aleluya.

Evangelio Lc 19, 1-10
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. Él quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador». Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, yo doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le doy cuatro veces más». Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
También se proclamarán los siguientes textos:
Primera Lectura Sabiduría 11, 22–12, 2
Salmo 144, 1-2.8-11.13-14
Segunda Lectura 2 Tesalonicences 1, 11–2, 2
(Dibujo: Cerezo Barredo)

domingo, 24 de octubre de 2010

Mirarnos cómo somos y pedir perdón arrepentidos

Este Domingo nuestra Liturgia la presidió el hermano Dionisio y su comentario lo basó en el Evangelio de Lucas, capítulo 18, versículos del 9 al 14: El fariseo orgulloso y el publicano humilde.
Nos preguntó si nos identificaba el texto, a lo que con honestidad se le respondió que nos parecíamos mucho al fariseo, ya que somos reacios a ver nuestros propios defectos y miramos demasiado críticamente los de los demás.
Entonces, el Ministro nos hizo ver el contraste entre el fariseo muy orgulloso de sí mismo y el publicano humilde, humillado por la conciencia de sus pecados y, por eso, el primero no obtiene misericordia de Dios y el segundo es sanado y perdonado. Y apoyándose en las respuestas recibidas, reafirmó que nos cuesta ver cómo estamos realmente por dentro, debido, entre otras cosas a los tiempos que nos toca vivir, que son tiempos de apuro, de muchas actividades, de agitación, que no nos permiten hacer un alto para revisar nuestra vida y ver en qué estamos fallando.
Nos hizo notar que instancias como participar en la celebración dominical, estar en la Casa de Dios, nos da la oportunidad de tranquilizar el alma y poder hacer un examen de conciencia, para poder decirle al Señor: "Dios mío, que se haga tu voluntad" y que eso nos permita hacer introspección y pedir un perdón arrepentido.
En ese estado descubriremos que Jesús nos pide que seamos buenas personas, buenos cristianos, ayudando y dando a quien lo necesite, realizando todas las bellas cosas que la gracia de Dios hace con nuestra vida. 
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

jueves, 21 de octubre de 2010

Preparemos el próximo Día del Señor

30º Domingo Durante el Año
24 de octubre de 2010 - Ciclo C
Aclamación al Evangelio
Aleluya.  Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, confiándonos la palabra de la reconciliación. Aleluya.

Evangelio Lc 18, 9-14
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola: Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: «Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas». En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: « ¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!» Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

También se proclamarán los siguientes textos:
Primera Lectura Eclesiástico 35, 12-14.16-18
Salmo 33, 2-3.17-19.23
Segunda Lectura 2 Timoteo 4, 6-8. 16-18 
(Dibujo: Cerezo Barredo)

domingo, 17 de octubre de 2010

Orar con insistencia, con fe y con paciencia

Hoy celebramos la Liturgia en nuestra capilla, presididos por el hermano Ricardo. Las lecturas proclamadas se encuentran en un posteo anterior y se refieren a la Oración.
El Hermano partió agradeciendo por las oraciones y el apoyo que le han dado por su ordenación diaconal, reiteró su promesa de servir a nuestras comunidades y solicitó seguir orando para que sea fiel a su ministerio, además de asegurar que aceptaba críticas y comentarios que le ayuden a mejorar la forma de servir.
En cuanto a los textos bíblicos, nos contó que la actitud de oración del pueblo hebreo en tiempos de Moisés se expresaba con todo el cuerpo, de ahí la imagen de levantar los brazos de la primera lectura. También indicó al respecto que el pueblo elegido tuvo muchas dificultades y luchas para poder asentarse en la Tierra Prometida, sin embargo no perdieron la confianza en la Promesa de Dios.
Igual ocurría con Pablo en la segunda lectura: escribe desde la cárcel, sabiendo que moriría, pero sin desanimarse. Reflexionaba Ricardo que nunca para un cristiano la vida es fácil, porque lo que Dios quiere muchas veces no es lo mismo que quiere el mundo. Las primeras comunidades (a quienes les escribía san Pablo) oraban y compartían la Palabra con miedo a la persecución, pero eso mismo las confortaba.
Del Evangelio señaló que la viuda sólo buscaba justicia, pero se topa con dificultades en esa exigencia tan fundamental. Entonces, señaló que el Señor nos trata de decir que la vida no será sencilla, pero la Oración nos da la fortaleza para enfrentar esos obstáculos.
A continuación, nos dijo que a veces hacemos un "pliego de peticiones" y si no las conseguimos (y rápido, además), entramos en crisis de fe, olvidando que nuestros tiempos no son los de Dios; otro error que cometemos con nuestra actitud de oración es tratar a Dios como si fuese nuestro sirviente y cuando "no nos sirve", lo desechamos, lo sacamos de nuestra vida.
En contraposición enseñó que lo que sí hay que pedir es hacer la voluntad de Dios, que es construir el Reino de Paz, de Justicia en nuestros tiempos. Y es que la Oración dispone nuestro corazón para aprender a querer lo que querría Dios. Si hacemos eso como comunidad, tendremos una comunidad más presente, más santa.
Finalmente nos exhortó a pedir con insistencia, con fe y con paciencia, ya que es probable que en el momento del Juicio Final recién comprendamos el sentido de lo que no entendíamos en la tierra: que la Oración es un diálogo confiado, que procura que se haga Su Voluntad, que va creando un ritmo interior, al ser un encuentro con nosotros mismos para evaluar y ajustar nuestra vida.
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

jueves, 14 de octubre de 2010

Preparemos el próximo Día del Señor

29º Domingo Durante el Año
17 de octubre de 2010
Ciclo C
Aclamación al Evangelio
Aleluya.  La Palabra de Dios es viva y eficaz, discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Aleluya.

Evangelio Lc 18, 1-8
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: «En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: “Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario”. Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: “Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme”». Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día -y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

También se proclamarán los siguientes textos:
Primera Lectura Éxodo 17, 8-13
Salmo 120, 1-8
Segunda Lectura 2Timoteo 3, 14—4,2  
(Dibujo: Cerezo Barredo)

domingo, 10 de octubre de 2010

Nuestra principal "lepra" es la falta de amor al prójimo

Hoy celebramos la Liturgia en nuestra capilla, presididos por el ministro José Irigoyen. El Evangelio que se proclamó fue Lucas 17, 11-19 (Los 10 leprosos sanados).
El Ministro nos preguntó si nosotros tenemos lepras, lo que fue prestamente respondido por varios miembros de la comunidad, asintiendo, reconociendo que eran muchas y detallándolas: maldad, egoísmo, envidia... etc., a lo que José indicó que solemos creer que el Evangelio habla de situaciones pretéritas, pero este reconocimiento de nuestras "lepras" nos demuestra que siguen siendo actuales, pues, si bien la lepra física casi se extinguió con los avances de la tecnología, la lepra del corazón subsiste.
Y la caracterizó, diciendo que la principal lepra es la falta de amor al prójimo, con quien se identifica el mismo Señor.
Nos recordó que en el bautismo fuimos reconocidos como hijos de Dios (pues ya lo éramos al momento de nacer) y, mediante ese sacramento, debemos sentirnos comprometidos a vivir el amor a los demás.
Posteriormente recalcó, volviendo al texto bíblico, que la sanación conseguida nos recuerda ser agradecidos por tantos dones recibidos de Dios, porque, recordó, cada quien según sus devociones particulares, pide bastantes gracias al Señor por medio de los santos y las distintas advocaciones de la Virgen, pero no somos tan expresivos ni tan prestos a agradecer posteriormente.
Pidamos la gracia de ser agradecidos.
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

jueves, 7 de octubre de 2010

Preparemos el próximo Día del Señor

28º Domingo Durante el Año
10 de octubre de 2010
Ciclo C

Aclamación al Evangelio
Aleluya.  Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús. Aleluya.

Evangelio Lc 17, 11-19
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! » Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba sanado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?» Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
También se proclamarán los siguientes textos:
Primera Lectura 2 Reyes 5, 10.14-17
Salmo Sal 97, 1-4
Segunda Lectura 2Timoteo 2, 8-13   
(Dibujo: Cerezo Barredo) 

domingo, 3 de octubre de 2010

La fe se demuestra en las obras

Hoy tuvimos la gracia de poder celebrar la Eucaristía en nuestra capilla, presidida por el padre Hernán. El Evangelio que se proclamó fue Lucas 17, 5-10 ("Señor, auméntanos la fe").
Nos decía nuestro párroco que una de las bases más importantes de nuestra vida cristiana es la fe. Y hoy que comienza la Semana de la Familia es importante agradecer a nuestros padres, quienes nos transmitieron la fe.
Recorriendo las lecturas bíblicas, nos contaba que Habacuc (primera lectura) era un hombre que había padecido mucho en el destierro y le pregunta a Dios ¿por qué hay que sufrir tanto?. La respuesta del Señor es un llamado a la fidelidad, a la confianza.
San Pablo, preso en Roma, en la segunda lectura, invita a recordar la responsabilidad que conlleva la fe: "Toma como norma las saludables lecciones de fe y de amor a Cristo Jesús que has escuchado de mí...".
Y el Evangelio nos describe la poca fe de los Apóstoles frente a la invitación a perdonar. Jesús muestra que es posible, ya que la fe del tamaño de un grano de mostaza logra lo imposible, pone en acción toda la potencia de nuestro Dios.
Nos preguntó qué creíamos nosotros que significaba tener fe. Ante las diferentes respuestas acertadas que recibió, nos dijo que estaban correctas, pero que la fe se debe demostrar en las obras, porque no sirve decir que se tiene una fe que no se practica, ya que no creemos en "algo", sino en Alguien. Entonces, cuando decimos "creo", estamos diciendo "haznos tener una relación más vital contigo, enséñanos a vivir de manera más evangélica, siendo sal de la tierra y luz del mundo..."
Todo esto no es fácil en un mundo donde la fe está arrinconada, donde muchos dicen ser cristianos "a su manera", que no es la manera de ser cristianos: hay que ser cristianos a la manera de Jesús.
Por último nos invitó a seguir trabajando para crecer en la fe y en el trabajo junto a los hermanos.
Gloria a Ti, Señor.