Pertenecemos a la Parroquia Santo Cura de Ars, atendida pastoralmente por la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos).

Nos ubicas en Pirámide 565, paradero 11 ½ de Santa Rosa. Comuna de San Miguel, Santiago de Chile.
Nuestras actividades se despliegan durante la semana; nuestra celebración dominical es a las 10:15. Bienvenid@s.





ATENCIÓN

A contar del 1 de Enero de 2013 las Meditaciones diarias del evangelio se encuentran en: http://pazamoryalegria.blogspot.com/

jueves, 28 de junio de 2012

Un programa de vida, por la vida


PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
1 de julio de 2012
Décimo Tercer Domingo Durante el Año

Lecturas de hoy:
Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24 / Salmo 29, 2. 4-6. 11-12a. 13 Yo te glorifico, Señor, porque Tú me libraste. / II Corintios 8, 7-9. 13-15

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     5, 21-43
    Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y Él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva». Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
    Se encontraba allí una mujer que desde hacia doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré sanada». Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal».
    Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de Él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?»
    Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero Él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
    Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad.
    Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad».
    Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.
    Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». Y se burlaban de él.
    Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Jesús ama a los ladrones espirituales. Hoy se compadece y se alegra con la hemorroísa que le “robó” un milagro. Mucho después, se apiadará del compañero de crucifixión, que con su buena intención, se “robó” la entrada al paraíso (Lc 23,43).
Es que Él « siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza » (2L), bajando a vivir nuestra misma vida, tocando nuestra miseria y conmoviéndose con ella, y, como sabía que Dios no « se complace en la perdición de los vivientes. Él ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal » (1L), no se deja arrastrar por el pesimismo reinante, porque la muerte no tiene la última palabra, así que primero exhorta a la fe: « No temas, basta que creas » y luego le “roba” la niña a la muerte, quien en seguida « se levantó y comenzó a caminar » (Ev). Después ella podría sentirse identificada con las palabras del Salmo de hoy: « Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste. Tú  me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro ». Un robo del espíritu. Ha demostrado ser semejante en todo a nosotros, a excepción del pecado (Hb 4,15).
A nosotros nos sucede una y otra vez que “nos ruegan con insistencia” para que les acompañemos y les auxiliemos en su pesar; también hay gente dolorida que espera un “roce de nuestro manto”, una caricia, una mano en el hombro, un apretón de manos, que alivie largo tiempo de sufrimiento; incluso tenemos la experiencia de enfrentar el pesimismo reinando a nuestro alrededor, porque pareciera que la muerte vence, es ahí donde se espera (a veces inconscientemente) que un creyente les tome de la mano para levantar la esperanza y despertar con amor, solidaridad y fraternidad del sueño egoísta que paraliza.
Todo un programa de vida, por la vida.

Sabemos, Padre bueno, que –como Pablo de los corintios- esperas que sin temor, creamos que podemos distinguirnos en generosidad y que, de la abundancia de nuestros bienes, tal como de la abundancia del amor que hemos recibido de ti, suplamos las necesidades de los demás, con un corazón generoso y compasivo como el de tu propio Hijo. Para que tu nombre sea glorificado en la tierra como en el cielo. Amén.

De la abundancia del amor recibido suplir las necesidades de Paz, Amor y Alegría de nuestros hermanos,
Miguel.

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