Pertenecemos a la Parroquia Santo Cura de Ars, atendida pastoralmente por la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos).

Nos ubicas en Pirámide 565, paradero 11 ½ de Santa Rosa. Comuna de San Miguel, Santiago de Chile.
Nuestras actividades se despliegan durante la semana; nuestra celebración dominical es a las 10:15. Bienvenid@s.





ATENCIÓN

A contar del 1 de Enero de 2013 las Meditaciones diarias del evangelio se encuentran en: http://pazamoryalegria.blogspot.com/

lunes, 26 de marzo de 2012

La Alegría de ser amados por Dios


26 de marzo de 2012
La Anunciación del Señor

Lecturas de hoy:
Isaías 7, 10-14; 8, 10c / Salmo 39, 7-11 Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Hebreos 10, 4-10

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     1, 26-38
    El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
    El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»
    Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
    Pero el Ángel  le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»
    María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»
    El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»
    María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.»
    Y el Ángel se alejó.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Hoy hacemos un breve alto en nuestro camino cuaresmal para celebrar con alegría la Anunciación.
¡Qué bello saludo de Gabriel! Podríamos decir que el inicio humano de la Salvación lo da esa inspiradora palabra: “¡Alégrate!”.
¿Por qué debía alegrarse María?
Debía alegrarse como hija de su pueblo que esperaba la llegada del Mesías prometido, por ejemplo, en la profecía de Isaías (alrededor de 7 siglos antes) que recuerda la primera lectura.
Debía alegrarse, aunque aún no lo sabía, de que en su vientre se harían realidad las palabras que evoca Pablo, también de la tradición bíblica, acerca de que al enviado de Dios se le daría ”un cuerpo”, para que se ofreciera a cambio de los sacrificios animales.
Y, por cierto, debía alegrarse porque todo el episodio que relata el evangelio reafirma la aseveración del Ángel: el Señor estaba con ella. Y seguiría estando desde entonces y por toda la eternidad, porque dentro de ella se estaba formando admirablemente el Emmanuel, el Dios-con nosotros.
¿Debiésemos alegrarnos también?
Por cierto. Nuestra fe, cuando se vive en el Señor, despejada de ritualismos, pietismos, dogmas y ortodoxias es –¡debe ser!- alegre.
Alegres, porque la servidora del Señor da su sí y se desata la avalancha salvadora de Dios; alegres, porque con su vida y signos, en cumplimiento de la voluntad del Padre, Jesús nos entregó la vida plena en nuestro paso por esta tierra y la eterna después de éste; alegres, porque el Espíritu Santo desciende sobre nosotros y es derramado en nuestros corazones; alegres, porque los que están en las distintas infertilidades de nuestra humanidad herida por el pecado, pueden concebir vida porque “no hay nada imposible para Dios”; alegres, en fin, porque tanto ama Dios al mundo –a todos nosotros- que toma la iniciativa para reparar el daño provocado por nosotros y lo corrige con creces.
Gracias, Señor, por la alegría. Por tantos inmensos, sorpresivos, creativos, inauditos y misericordiosos regalos que nos haces, nos has hecho y nos harás. De nuevo, gracias, Señor.

Paz, Amor y Alegría para tu día y tu vida.
Miguel.

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